Memoria, derechos humanos y democracia
Por Dra. Anahí Zavala – Abogada
Hay fechas que no deberían pasar. No porque debamos vivir anclados en el pasado, sino porque existen hechos que una sociedad tiene la obligación de recordar.
Cada 16 de septiembre, Argentina recuerda La Noche de los Lápices: el secuestro, la tortura y la persecución de jóvenes estudiantes durante la última dictadura cívico-militar. Eran adolescentes que se habían organizado para reclamar por un derecho concreto: el boleto estudiantil.
Aquella historia nos deja una enseñanza que, desde el Derecho, considero fundamental: reclamar por un derecho nunca puede convertir a una persona en enemiga del Estado.
Participar, expresarse, organizarse, peticionar y defender aquello que consideramos justo son libertades propias de una sociedad democrática. Cuando el Estado abandona los límites que le imponen la Constitución y los tratados internacionales de derechos humanos, no estamos simplemente frente a un exceso de autoridad: estamos frente a una vulneración de derechos fundamentales.
Pero recordar La Noche de los Lápices también significa hablar del presente.
Porque los derechos humanos no son solamente una cuestión del pasado.
Se defienden cuando un trabajador reclama condiciones dignas, cuando una familia exige justicia, cuando un niño es escuchado, cuando una persona reclama igualdad o cuando cualquier ciudadano puede expresarse y cuestionar una decisión de quienes ejercen el poder.
Y hay algo más que no debemos olvidar: los derechos tienen historia.
Detrás de cada derecho conquistado hubo personas que reclamaron, se organizaron y muchas veces enfrentaron enormes obstáculos para conseguir que aquello que parecía una demanda se transformara en una garantía reconocida.
Por eso, los derechos laborales, sociales, educativos, civiles y familiares no pueden analizarse como si hubieran aparecido espontáneamente. Son parte de una construcción jurídica y social que debe ser conocida y respetada.
El Derecho puede cambiar. Las leyes pueden modificarse. Los debates democráticos son necesarios. Pero toda discusión sobre derechos debe desarrollarse dentro del marco constitucional y convencional, respetando la dignidad humana, la igualdad, las garantías fundamentales y las obligaciones asumidas por nuestro país.
La democracia no es solamente votar.
También es vivir bajo un Estado de Derecho. Es contar con garantías. Es poder reclamar. Es saber que quienes ejercen el poder también están sometidos a la ley.
Como abogada, creo que el Derecho no debe ser una herramienta reservada para unos pocos. Debe conocerse, comprenderse y, sobre todo, poder ser utilizado para defender la dignidad de las personas.
Los jóvenes de aquella noche fueron perseguidos por reclamar.
Sus lápices, sin embargo, sobrevivieron.
Hoy siguen escribiendo cada vez que alguien reclama justicia, defiende un derecho o se niega a aceptar la arbitrariedad como algo inevitable.
Recordar no es vivir en el pasado.
Recordar es comprender el presente.
Y defender los derechos humanos es asumir la responsabilidad de construir un futuro en el que ningún joven sea perseguido por reclamar, ninguna persona sea silenciada por pensar diferente y ningún derecho sea considerado demasiado pequeño como para ser defendido.
Los lápices siguen escribiendo.
Que nunca dejemos de leer lo que nos enseñan.
