7 de julio de 2026

La Noche de las Corbatas: cuando defender derechos también era un delito

Por Dra. Anahí Zavala

Cada 7 de julio, Argentina recuerda uno de los episodios más dolorosos de su historia reciente: La Noche de las Corbatas. No fue un ataque dirigido únicamente contra un grupo de abogados laboralistas. Fue un ataque contra el Estado de Derecho, contra la libertad profesional y, especialmente, contra quienes dedicaban su trabajo a defender los derechos de los trabajadores.

Entre el 6 y el 8 de julio de 1977, durante la última dictadura cívico-militar, abogados de la ciudad de Mar del Plata fueron secuestrados, torturados y, en muchos casos, asesinados o desaparecidos. Su “delito” había sido ejercer la profesión con compromiso, representar sindicatos, reclamar condiciones dignas de trabajo y hacer valer las garantías que el derecho laboral reconocía a miles de trabajadores.

Detrás de cada expediente había una convicción: que el trabajo no podía ser tratado como una mercancía y que la ley debía proteger a quien se encontraba en una posición más vulnerable dentro de la relación laboral.

Entre ellos se encontraba el doctor Norberto Centeno, principal autor de la Ley de Contrato de Trabajo, una norma que marcó un antes y un después en la protección de los derechos laborales en nuestro país. Su secuestro y posterior asesinato simbolizaron mucho más que la persecución de un abogado: representaron el intento de desmantelar un modelo jurídico basado en la justicia social y en la dignidad del trabajador.

Centro Clandestino de Detención “La Cueva”, donde se detuvo a los abogados de La noche de las corbatas

La dictadura no solo persiguió personas. También buscó desarticular instituciones, debilitar organizaciones sindicales y modificar el sistema de protección laboral construido durante décadas. Silenciar a quienes defendían trabajadores significaba abrir paso a un modelo donde el miedo reemplazara al reclamo y la obediencia sustituyera al ejercicio de los derechos.

Por eso, recordar La Noche de las Corbatas no constituye únicamente un ejercicio de memoria histórica. Es también una reafirmación del rol social de la abogacía.

Ser abogado implica asumir la responsabilidad de defender derechos aun cuando ello resulte incómodo para el poder. Significa comprender que detrás de cada conflicto laboral existe una persona, una familia y un proyecto de vida que merece ser protegido por la ley.

La independencia profesional no es un privilegio de los abogados; es una garantía para toda la sociedad. Sin abogados libres, capaces de ejercer su profesión sin presiones ni persecuciones, también se debilita el acceso de los ciudadanos a la justicia.

Hoy, casi cinco décadas después, el mejor homenaje que puede hacerse a quienes fueron víctimas del terrorismo de Estado es seguir ejerciendo una abogacía comprometida con la Constitución, con los derechos humanos y con la defensa irrestricta de la dignidad de las personas.

Porque cuando un abogado es perseguido por defender derechos, no solo se intenta silenciar una voz. Se intenta debilitar la justicia misma.

La memoria de La Noche de las Corbatas nos recuerda que el derecho nunca puede separarse de la democracia y que la defensa de los trabajadores continúa siendo una de las expresiones más nobles del ejercicio profesional.

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